El miercoles pasado como era previsible, no pude ir a nadar por asuntos femeninos. Entonces decidì ir a dar una vuelta en bici para relajarme un poco y olvidarme de los dolores sin necesidad de tomar ibuprofeno. Hasta ahì todo muy lindo, incluso me llevè la camara para hacer un par de fotos a los paisajes que tanto me gustan. Pero, como no podìa ser de otra manera, el destino se habìa ensañado conmigo y se me pinchò una goma. En este caso me parece injusto echarle la culpa solo al destino, porque mi marido la habìa arreglado un par de semanas atràs pero tampoco le voy a dar culpas a èl porque gracias que tuvo la buena voluntad de hacerlo. De la frustrada bicicleteada al menos pude hacer un par de fotos y una larrrrrrrga caminata de vuelta a casa.
